Cuando se presentan las primeras manifestaciones de alguna dificultad  o detectamos la ausencia de alguna conducta o habilidad propia de la edad del niño, deberíamos acudir a un profesional que nos orientara. 

 En ocasiones no prestamos la suficiente atención desde el ámbito escolar y familiar a los problemas de desarrollo que se perciben en la primera infancia y a los problemas de aprendizaje que se manifiestan en los primeros momentos de la escolaridad obligatoria

No se atienden ni se evalúan correctamente, por lo que la intervención educativa no se orienta con claridad ni a las dificultades ni a las habilidades de los niños.

De ese modo, se van  consolidando esos déficits en el niño, perceptibles en sus habilidades  comunicativas iniciales, en los hábitos de autonomía personal y en los aprendizajes básicos (lectura, escritura y cálculo).

A su vez estos déficits van determinando un autoconcepto pobre con respecto a las  capacidades, al aprendizaje y a una autoestima negativa. La motivación hacia el estudio va disminuyendo; a lo largo de los cursos  académicos se van arrastrando unas dificultades que provocan un retraso académico significativo.

 

Estas dificultades relacionadas con las  habilidades aprendizajes básicos, de haber sido atendidas en sus primeros  momentos permitiría al alumno alcanzar las etapas educativas superiores con mayor seguridad y éxito.

Por ello consideramos muy adecuado- y necesario-  la  realización de una intervención temprana.

 

 

No es conveniente esperar a que las manifestaciones de losniños sean extremas para tomar medidas educativas adecuadas. El tiempo de la escolaridad básica y obligatoria es determinante ,  en él debe alcanzar los objetivos mínimos  prescriptos, por tal motivo,  todos debemos contribuir a que los niños y niñas los alcancen con éxito.