La transición a la educación Secundaria no se realiza siempre a través de un proceso gradual, sino que el sistema educativo la impone de un modo traumático. El estudiante sufre cambios importantes: en la metodología, el número de asignaturas, las exigencias personales y cognitivas,  la diversidad de los contenidos,  el número de profesores y la evaluación.

 

Sin embargo, a pesar de conocer estas nuevas condiciones, no siempre se contemplan las repercusiones psicológicas y sus consecuencias sobre los logros académicos, el interés y la motivación.

Nuestros jóvenes no siempre son capaces de superar este importante reto que les planteamos.

 

 

 

Así se origina una brecha significativa entre lo que él puede dar y lo que la escuela le exige, reflejándose esta tendencia, tiempo después,  en sus bajas calificaciones.

 En este momento nosotros identificamos las necesidades del alumno; tomando como base las exigencias que le plantean y ayudándole a superar sus dificultades para mejorar su adaptación al nuevo centro, a las nuevas demandas, favoreciendo, así, su plena inclusión en el sistema escolar.

 

 

Nuestro propósito es ofrecer al estudiante un ambiente cálido y exigente y apoyar a las familias durante su adolescencia