LA INTERVENCIÓN PSICOPEDAGÓGICA SISTÉMICA Y EL TDAH

La intervención pedagógica sistémica en la educación entiende la integración de todos los elementos activos encargados de la educación del niño: familia, centro educativo, profesores, compañeros de estudio, orientadores, pedagogos y profesionales de la psicología. Los niños con TDAH favorecen un acercamiento entre los educadores, la familia y los psicopedagogos. El abordaje con la familia, según Russell Barkley, debe estar siempre presente. Es necesario que los educadores interactúen con los familiares del niño durante el tratamiento del mismo. En tal sentido, se constituyen grupos pedagógicos unifamiliares o multifamiliares, en coordinación con orientadores educativos. Estos encuentros buscan que los padres desarrollen nuevas estrategias educativas y una nueva narrativa de la situación de sus hijos con TDAH. Así el sistema familiar permite al niño mostrarse de modo diferente, en aras de favorecer el desarrollo de nuevas conductas y comportamientos. Amado Benito de la Iglesia, en su ponencia sobre una terapia sistémica a favor de niños y adolescentes con TDAH, define que los problemas de conducta no son heredados o neurológicos, sino que los niños los aprenden a través de sus padres o de ansiedades que no saben comunicar y manejar. Por tanto, el TDAH no debe ser visto como una enfermedad sino como un trastorno de conducta, curable con un tratamiento adecuado, desde un enfoque sistémico en el cual participen todas las personas involucradas: maestros, padres, alumnos, orientadores, pedagogos, psicólogos. Al respecto, Russel Barkley señala que: “El Trastorno del Desarrollo del Autocontrol (TDAC) puede ser el nombre más apropiado para el TDAH. El término TDAH se queda corto” (2001:99). El enfoque de intervención sistémica apunta a desdramatizar la situación del niño o del adolescente con TDAH, debido a que la hiperactividad también muestra a un niño con muchas energías y potenciales creativos, relacionados al ingenio y la inventiva. Einstein cuando era niño, era considerado un mal alumno en matemáticas pero tenía muchas energías que no podía controlar y canalizar. Lo mismo ocurría al inventor Thomas Edison o al físico Isaac Newton, quienes eran tildados de torpes, despistados y hasta de holgazanes (Pyenson, 1990). Bajo estos eventos, el niño con TDAH puede ser un genio potencial. Autores como Thorne (1995) y Guerrero López (2005) han visto el lado positivo de la hiperactividad: un posible genio con demasiados impulsos que necesita ser entrenado y orientado para que desarrolle todo su potencial. Sin embargo, esto no significa que todos los niños con TDAH sean genios superdotados, pero sí la hiperactividad, en forma guiada y regulada, es una oportunidad para que el niño produzca en sí mismo creatividad, ingenio y pasión por la planificación e intervención sobre la realidad (Guerrero López). En cuanto al enfoque de intervención sistémica, se sabe que el TDAH es un mecanismo de exclusión social para los alumnos que lo padecen. De modo que se diseñan estrategias como el modelo de entrenamiento para padres de Barkley (1987) que ya no es suficiente, pero no deja de ser necesario. Cada año la intervención sistémica suma mejores técnicas y estrategias, como asimismo la adecuación del contexto educativo a los niños con TDAH, propuesta por Miranda Casas (2001) o el sistema de retroalimentación energético o life System, creador por Chris Kesser. Son muchas las herramientas que acaparó el enfoque de intervención educativa sistémica. Ya el TDAH no es visto como un niño raro e inquieto sobre el cual no se sabe cómo actuar, es observado ahora como un alumno- no solamente recuperable- sino también potenciable por medio de una pedagogía sistémica que integre a todas las partes en beneficio del niño No obstante, es importante que la intervención sistémica, mediante la coordinación de los orientadores educativos, pondere la cooperación de todos los sectores y no intervenga únicamente sobre el niño. Los padres, los maestros y su familia también deben cambiar y dejar su granito de arena para que el niño con TDAH perciba dentro de la educación una oportunidad en vez de una dificultad.